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Adiós a la bombilla de incandescencia

Categoría: energía

Normativa Europea

Tras mas de 130 años de historia, una directiva Europea establece la eliminación paulatina de la bombilla eléctrica de incandescencia. En septiembre pasado ya desapareció la de 100 w, a la que seguirá la de 75 w a finales de 2010. La clásica de 60 w se eliminará en 2011 y finalmente en 2012 las de 40 w o inferiores. En resumen a finales de 2012 morirá definitivamente uno de los inventos que mas ha influido en el desarrollo de la humanidad en el siglo XX.

Algunos países ya se han adelantado a la nueva normativa y en ellos ya es difícil encontrar en el mercado bombillas incandescentes. De hecho casi todos los principales fabricantes, las tienen ya descatalogadas. Es curioso el fenómeno que se ha producido en estos países, por el acopio masivo de estas bombillas por muchos consumidores. Nostalgia, ignorancia, manías, leyendas urbanas, resistencia al cambio, fobias; como fuere no tiene marcha atrás.

Historia de la bombilla

En 1879 se creó la primera bombilla capaz de iluminar durante 14 horas seguidas. No fue fruto de la casualidad, ya que el laboratorio de Edison llevaba trabajando 14 meses en encontrar un material que permitiese que la bombilla alumbrase de forma continua. Pronto pasaron de las 14 horas a las 40 horas de duración. Dicen que Edison realizó 1.200 experimentos y una inversión cercana al millón de $ de la época, para conseguir el invento que transformó la sociedad industrial.

Mas de 40 personas trabajaron en su laboratorio, donde probó con mas de 6.000 plantas antes de dar con el bambú como el material mas adecuado para producir la luz. La primera bombilla utilizó un filamento carbonizado de bambú, que fue posteriormente en el siglo XX sustituido por el tungsteno, ya que este soportaba mejor las altas temperaturas que se producían en el filamento.

Motivos del cambio

La bombilla de Edison ha marcado un hito en la modernización industrial, pero es terriblemente ineficiente: tan solo un 5% de la energía que utiliza se convierte en luz, el 95% restante se pierde en forma de calor.

La iluminación doméstica e industrial puede llegar en algunos países Europeos, hasta el 20% del consumo eléctrico total. La sustitución de la bombilla incandescente es una forma sencilla de ahorrar energía y sobre todo una importante reducción en la emisión de CO2. Para hacernos una idea, la simple sustitución en España de todas las bombillas incandescentes por unas de bajo consumo, supondría una reducción del 4% del consumo eléctrico nacional y la no emisión de 6,5 millones de toneladas de CO2 anuales.

Alternativas: las ecobombillas

La alternativa actual mas usual son las llamadas CFL (bombillas fluorescentes compactas). Los datos son evidentes: mientras la incandescente genera 11 lúmenes por vatio con una vida útil media de 1.000 horas, las CFL  genera 40 lúmenes por vatio con una vida útil media de 8.000 horas. En resumen las CFL utilizan un 80% menos de elctricidad y tiene una vida media 8 veces superior. Hay que tener presente que la sustitución, por ejemplo, de una bombilla tradicional de 100 w por una de bajo consumo equivalente de 20 w, supone un ahorro de mas de 90€ en el total de su vida útil de 8.000 horas. ¿vale la pena el cambio y asumir el sobre coste de compra?. Los datos son aplastantes.

Entonces ¿por qué solo el 10% de los hogares Europeos cuentan con este tipo de bombillas?. Sus detractores dicen que tardan en calentarse, que no dan una luz tan cálida, que son demasiado grandes o incluso que pueden ser dañinas para la salud. Hay demasiada leyenda urbana en estas afirmaciones. Es cierto que las primeras, cuando la tecnología aún se encontraba en desarrollo, eran grandes y tardaban en calentarse y dar luz normal, pero eso actualmente está superado. Respecto a la diferencia de color esta actualmente es mínima. Mientras el IRC (indice de rendimiento del color) de una bombilla convencional es de 100 puntos, la equivalente de bajo consumo alcanza los 85 puntos. Es decir la diferencia es casi imperceptible para la mayoría de nosotros.

Ponga una bombilla de bajo consumo (ecológica) en su vida

Como conclusión decir que agradecemos la gran función de la bombilla incandescente en el desarrollo de la sociedad del siglo XX y su bienestar. Pero los tiempos cambian y la tecnología con ellos. Actualmente no tenemos escusa alguna, ni económica ni de rendimiento, para que cuando se nos funda una bombilla convencional la sustituyamos directamente y sin complejos por una de bajo consumo. Nuestro bolsillo, nuestro país y el planeta nos lo agradecerán.

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